De los libros a la realidad, 50 aniversario del despegue del hombre hacía la luna

15 Jul

Mañana, 16 de Julio de 2019, se cumplen 50 años desde que despegara de Cabo Kennedy, la misión Apolo 11 que haría realidad siglos y siglos de imaginación del ser humano, la llegada del hombre a la luna, que se materializaría cuatro años después.

La nave tripulada por Neil A. Armstrong, Edwin E. Aldrin Jr. y Michael Collins se posó en el Mar de la Tranquilidad después de 11 años de duro trabajo. Todo empezó un año después de que la Unión Soviética situara un satélite (el Sputnik 1) en órbita alrededor de la tierra por primera vez, se pusiera en marcha el proyecto Mércury, al que continuaría el Gémini y finalmente el Apolo. Eran los años de la Guerra Fría y la lucha por la hegemonía mundial entre Estados Unidos y la Unión Soviética estaba en plena efervescencia.

Esta contienda se traslado al espacio, en una carrera que marcaría diferentes hitos de los que inicialmente salió victoriosa la Unión soviética, ya que fue la primera en enviar a un ser vivo al espacio (la perra Laika en 1957) y aunque Estados Unidos respondiera poniendo en órbita el primer satélite de comunicaciones y meteorológico (EN 1958 y 1959 respectivamente), la URSS consiguió poner en órbita por primera vez un satélite alrededor de la luna en 1959 que dejaría los primeros restos de nuestra civilización en nuestro satélite tras estrellarse.

Los logros soviéticos fueron continuándose, en 1961 enviaron al espacio al primer hombre, Yuri Gagarin y en 1963 a la primera mujer, Valentina Tereshkova. En 1965 Alekséi Leónov dio el primer paseo espacial y unos años después la sonda Venera 3 alcanzó la superficie de Venus, los medios humanos llegaban por primera vez a otro planeta.

Estados Unidos estaba perdiendo por goleada cuando en 1969 consiguió lo que nadie más ha logrado hasta ahora, enviar a un ser humano a la luna y lo hizo un total de siete veces, todas con éxito excepto la accidentada misión Apolo 13.

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Pero estás décadas de lucha por llegar a la luna no fueron más que la punta del iceberg de un sueño que el ser humano ha tenido a lo largo de los siglos y como todo sueño que se precie ha quedado plasmado en la literatura. A todos nos viene a la cabeza Julio Verne como pionero e ideólogo de este primer viaje a nuestro satélite pero lo cierto es que contamos con registros mucho más antiguos de este imaginado hito. En 1638 el naturista John Wilkins publicó la primera novela en la que se construye una máquina para viajar a la luna  Los descubrimientos de los mundos de la luna.

Ese mismo año se publica de manera póstuma la novela del historiador inglés Francis Godwin El hombre en la luna o discurso de un viaje allí por Domingo González, el raudo mensajero, considerado precursor de la Ciencia ficción inglesa y de los relatos de náufragos.

En 1657 Cyrano de Bergerac, en su obra Viaje a luna o Historia Cómica de los Imperios y Estados de la luna, narra la llegada a la luna gracias a una máquina impulsada por cohetes de agua, por cierto, en ella, se encontrará con Domingo González, protagonista de la Obra de Godwin, publicada 9 años atrás.

Pero si dejamos la ingeniería humana de lado, ya desde el siglo II se ha fantaseado sobre la llegada a la luna, fue el caso del sirio Luciano de Samosata que en sendas historias llega al satélite, ya sea a través de un barco empujado por un gran oleaje o impulsado por un águila y un buitre. Allí conocerá a los selenitas y vivirá la guerra contra los habitantes del Sol. En 1321, Dante, en La divina comedia llega a la luna a través de una nube. Allí vería las alamas que no cumplieron sus votos en vida. En 1517 Orlando el Furioso alcanzará la luna a lomos de un hipogrifo. En 1634 el matemático y astrónomo Johannes Kepler, decisivo a la hora de establecer la órbita de los planetas en torno al sol, escribió El Sueño, en la que su protagonista alcanza la luna conducido por diablos.

Las Aventuras del Barón de Münchhausen también nos transportaron a la luna en 1785 gracias a unas habas mágicas. Un siglo después, en 1844, el gran Edgar Allan Poe a través de La aventura sensacional de un tal Hans Pfaall hace uso de un globo lleno de un gas extraído del Azoe, treinta y siete veces más ligero que el hidrógeno. El mismísimo Alejandro Dumas en Un viaje a la luna llevó a su protagonista a lomos de un águila a los cráteres de nuestra vecina.

Fue en 1865 cuando el gran maestro de la Ciencia Ficción Julio Verne usaría una bala de cañón en de la De la tierra a la luna, visionario una vez más ya que los cohetes que alcanzaron la luna en el 69 estaban basados en los misiles usados durante la II Guerra Mundial. De hecho fue su creador, el ex-miembro del partido nazi y científico Wernher von Braun el que desarrolló el Saturno V estadounidense que impulsaría al hombre al mar de la Tranquilidad.

Después se sucedieron historias como Los primeros hombres en la luna (1904) del escritor británico H. G. Wells e incluso el cómic Objetivo: la Luna (1953) que catapultaba, esta vez sí en un cohete, a Tintín hacía la Luna.

Una vez más, el hombre fue capaz de poner en práctica algo que llevaba siglos imaginando, lo que nos lleva a la eterna pregunta, ¿la literatura es visionaria y profética o musa inspiradora de la ciencia?

Une fantasía y ciencia aquí, en la Biblioteca CRAI.

 

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